Sontag contra Sontag (Parte I)

El objetivo del artículo estriba en señalar la vuelta a la estética en la teoría de Susan Sontag, aquello que se ha denominado "el efecto Sontag". Esta reestetización en su obra no es inocente, estará vinculada al impacto que pueden causar las imágenes (centrándonos en el estudio de la fotografía) en el ámbito político y en el moral; de esta forma, nos podremos apercibir de la manera en la que las fotografías nos conectan o desconectan con estas realidades. Para acometer semejante empresa, creemos necesario contextualizar la obra sontagiana. Realizaremos en primer lugar una panorámica general sobre el fenómeno de la reestetización en el arte a lo largo de la década de los 90, intentando descubrir las causas que la habían relegado a un segundo plano para así comprobar los motivos de su recuperación posterior. Esto nos servirá para insertar a Sontag en un movimiento más amplio de la que ella forma parte y es, al mismo tiempo, una de sus principales artífices.

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LA VANGUARDIA INTRATABLE

Las proposiciones antiestéticas pudieron tener su función con el surgimiento de nuevos movimientos de ruptura en el seno del arte desde la década de los 60, fenómeno que se reflejó claramente en el conceptualismo y más sutilmente en el arte político. De esta manera, la tónica general del arte se caracterizó por una ausencia, prácticamente total, de cualquier voluntad estética. Comenzó a mirarse a la estética con recelo, huyendo de ella como si de una sirena homérica se tratara, engatusándonos con sus promesas de felicidad. Este fenómeno antiestético aglutinó todos los odios históricos que pudieron despertar las cualidades estéticas; en especial la belleza: "Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. —Y la encontré amarga.—Y la injurié", como ya profetizó ese niño poeta llamado Rimbaud.

Por lo tanto, la estética se convirtió en el enemigo camuflado, en una sospechosa habitual capaz de resguardar bajo su seno cualquier artimaña ideológica. Así estaban las cosas en esta década: la estética simplemente estorbaba, impedía vislumbrar otros fines más elevados (conceptuales) o acuciantes (políticos). Podemos decir que el arte, en sus intentos de trascenderse (y autofagocitarse), perdió la estética por el camino. Y no le importó. No obstante, no se asumió dicha deriva artística con visos catastrofistas. Es más, se intuyó como un paso lógico dentro de la evolución interna del arte, como uno de sus últimos despliegues en una dialéctica enfervorecida por por explorar (y romper) todos los límites.

Lo que sí pareció preocupante fue su gran prolongación en el tiempo. Se consideró que el (¿posmoderno?) maltrato de la estética se había dilatado demasiado en el tiempo, y para más inri, había logrado posicionarse de manera definitiva en el centro del tablero artístico. Lo que era un acontecimiento puntual se había convertido en un fenómeno creciente que no insinuaba alterar su deriva. Y todo esto lleva ocurriendo desde la década de los 60. Demasiado tiempo. [if !supportLineBreakNewLine] [endif]

HAMBRE ESTÉTICO

Para anular este efecto, a lo largo de los 90 ciertos teóricos del arte (Sontag, Danto, Cavell, Eco) hicieron notables esfuerzos para recuperar la abandonada posición que la estética había ocupado en el mundo del arte y de esta forma, restituir su prestigio e importancia. En lo relativo a la cuestión de la revitalización de la estética, está claro que en el arte no podía volverse a los postulados anteriores al arte conceptual y demás vertientes artísticas socavadoras de la relación entre el arte y la estética. El objetivo consistió en eludir esa intuición de arte/estética directa e ingenua mientras que al mismo tiempo se superaba la aversión antiestética.

Para ello, fue necesaria una reevaluación de los conceptos estéticos para, de esta manera, confirmar que la restauración estética no resultaba un ejercicio voluntarista por parte de una serie de autores sino que forma parte de una teorización profunda y, sobre todo, fundada. Por lo tanto, reencontrarse con la estética significaba precisamente eso, una nueva asunción de conceptos estéticos (significado, belleza, placer, etc.). Y si bien no se trató únicamente de una vuelta a la belleza (el fenómeno es de unas dimensiones mucho más amplias), en ocasiones sí se tradujo en una vuelta a la misma, aunque no fue la única cualidad a recuperar. A continuación nos detendremos en el papel que jugó Sontag en este proceso de reestetización. EL EFECTO SONTAG [if !supportLineBreakNewLine] [endif]

Cees Nooteboom conoció a Susan Sontag cuando ella vivía en un apartamentucho de París y la describe como una persona brillante, impaciente, amistosa, poco accesible y, sobre todo, combativa: "Cuento los golpes, como si fuese un espectador de un combate de boxeo espiritual. Sus golpes aciertan a derecha e izquierda , pero el aversario es ubicuo y de goma. Ella no era un adversario fácil".

Y es que su escritura fue una lucha constante: contra los lugares comunes, los falsos ídolos, los prejuicios sociales y contra el pensamiento fácil, llano y perezoso. Lo que no se imaginaba Sontag es que su mayor combate lo libraría contra ella misma. Cada párrafo, cada capítulo y cada libro está atravesado por su inagotable y titánico esfuerzo por no desfallecer, por seguir encontrando una falla, un contraargumento y una inconsitencia que pudiera provocarle lo suficiente como para rehacer sus tesis. Y así fue. Tal era su honestidad intelectual. Ejemplo de ello es la revisión de las intuiciones que le llevaron a marcar época para así covertirse en la intelectual más afamada de su tiempo. De esta manera somos partícipes de cómo en “Ante el dolor de los demás“ (2003) se desdice de lo escrito tres décadas antes en “Sobre la fotografía“ (1977): "Lo creía cuando lo escribí. Ya no estoy tan segura". Así, incluso llega a citar su anterior libro como queriendo disculparse por semejante revisión de sus tesis principales. Y nosotros aceptamos sus disculpas ya que ante semejante despliegue de sinceridad y valentía intelectual no cabe otro tipo de reacción. Por lo tanto, el tiempo ha pasado, ha seguido reflexionando sobre el tema y ha cambiado de parecer. Y concretamente, ¿de qué se desdice? De la importancia de lo estético.

Como ya hemos comentado, existe una corriente en los años 90 de la cual Sontag forma parte que aboga por una vuelta a la estética en el seno del arte. En este caso nos centraremos en la vuelta a la estética en el ámbito de la fotografía (campo de batalla fundamental de la producción sontagiana). Lo que nos interesa conocer ahora es el porqué de dicho retorno estético en Sontag. ¿Se hace un llamado de la estética fundamentado en una concepción esteticista del arte? La respuesta es negativa. Lo que quiere dilucidar Sontag es la relación entre la estética y la crítica moral y política para así saber si el arte es impotente o eficaz frente a los problemas morales y políticos.

En su libro “Sobre la fotografía“ (SF a partir de ahora) Sontag defiende que la fotografía no provoca reacción alguna en el espectador. Por ello, la fotografía debe renunciar a pretensiones de corte moral y político debido a que no logra ningún efecto, convirtiéndose en una disciplina impotente. Casi 30 años más tarde, Sontag vuelve a la estética ya que ahora la considera útil y efectiva en relación a la crítica de la moral y política de la política. Sontag refuta sus anteriores tesis en “Ante el dolor de los demás“ (ADD en lo sucesivo). Y el camino trazado entre el repudio de la estética (en la medida de su impotencia dentro del espacio de lo moral-político) hasta llegar a su posterior regeneración estética (como catalizador de lo moral/político) es lo que Michael Kelly llama "El efecto Sontag". Por lo tanto, el segundo libro se puede percibir como una clara continuación espiritual del primero, ampliando y reactualizando las anteriores tesis. Por esta misma razón, ya nos encontramos preparados para contemplar los diferentes combates que Sontag mantiene consigo misma.

1ºROUND: PUNTOS EN COMÚN

La fotografía no explica nada, necesita una narración previa

SF El impacto de la fotografía responderá al contexto ideológico en las que estas se inscriban. Esta es la razón por la que las fotografías de la guerra de Vietnam han impactado mucho más que las de la guerra de Bosnia. Se había creado el caldo de cultivo mediático necesario para recoger con más facilidad el dolor vietnamita que el bosnio. Por ellos, Sontag defiende que las fotografías han de estar ligadas a una determinada situación histórica para que que sean capaces de movilizar nuestra conciencia, y así evitar un sentimiento abstracto y difuso del dolor.

ADD Las fotografías pueden conmover si son pavorosas, pero necesitan de una narración para poder ser comprendidas. Las fotografías de guerra dicen muy poco: la guerra es un infierno... y poco más. Estamos necesitados de un relato previo para particularizar las imágenes y ser capaces de esta manera de comprenderlas en toda su magnitud y con toda su intensidad.

La televisión neutraliza el poder de las imágenes

SF La televisión se ha revelado a lo largos de las últimas décadas como un medio inconveniente para provocar reacciones ante las imágenes que se suceden en pantalla. La atención que prestamos ante este medio es esencialmente difusa: el zapping nos permite cambiar rápidamente de canal, cada imagen liquida a la anterior, etc. Por tanto, a partir del fluir de imágenes incesante e indiscriminado, prácticamente independiente de nuestra atención, surgiría una avidez de imágenes imposible de saciar.

ADD La televisión asfixia, aniquila y agota la fuerza de la imagen. La insensibilidad, esencia de la propia televisión, nos hastía en un sasāra de imágenes que no podemos quebrar. Para Sontag, debemos reclamar una intensidad de atención y una intensidad de la mirada que la televisión no es capaz de proporcionarnos.

La infestación de imágenes

SF La proliferación y el flujo de imágenes es incesante y todo apunta a que en el futuro se multiplicará de manera exponencial. Y no sólo eso. A medida que fabricamos imágenes, las consumimos, y consecuentemente nos hallamos más y más necesitados de las mismas en una corriente incapaz de satisfacer nuestras ansias ilimitadas de consumo de imágenes.

ADD Uno ya no tiene el derecho de ser sorprendido por las atrocidades del mundo. La inundación de imágenes es tan masiva que el hecho de sorprenderse por cualquier desgracia sólo revelaría la necedad del espectador, es decir, la ignorancia de lo que podía y debía saber.

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