Canciones para caer en la melancolía

Odio a esa gente. Los melancólicos. La clase de pendejos que se suicidan después de leer “Werther”, como diría Bolaño. Los intensos. ¡Oh, los intensos! ¿Quién sería el primer intenso? Igual que el primer foodie pintó en la pared de su cueva al búfalo antes de comérselo, ese protointenso también debe perderse en el albor de los tiempos.

No es difícil reconocer a un melancólico/intenso. Suele suspirar mucho y a un volumen alto ante lo sublime y quiere asegurarse de que los demás se den cuenta de que está profundamente conmovido. Es víctima de fariseísmo sentimental: los fariseos solo hacían penitencia y buenas acciones si había espectadores. Soy de la opinión de que una buena acción debe ser anónima o se convertirá solo en marketing.

Una de las primeras cimas de la intensidad la protagoniza Petrarca. Idolatrado por los románticos por ascender al Mont Ventoux en el siglo XIV, en realidad no ascendió al Mont Ventoux. Solo decidió escribir que lo hizo, que no está mal, no seré yo el que desprecie una buena leyenda. Lo malo es lo que escribió. Se imaginó subiendo con las “Confesiones” de San Agustín (alerta por intensidad) y que, al llegar a la cima, se puso leer el libro, inmerso en profundas meditaciones. Es decir, no subió la montaña porque estaba allí y era alta, subió para tener una buena excusa y observarse a sí mismo. El primer hombre que subió una montaña porque estaba allí no lo contó, e hizo bien, y nunca sabremos quién fue. Ni el segundo. El primero que lo hizo con un cronista fue, con bastante seguridad, Pedro III el Grande de Aragón. Se dijo: Joder, voy a subir a esa puta montaña. Sin otros objetivos. Y ahí estaba un fiel escritor que lo documentó.

Queda claro que, si no tienes sentido del humor ni capacidad de autoparodia y andas suspirando por los lugares más concurridos, eres un melancólico de manual. Pero ¡cuidado!, no estoy condenando por ello a la melancolía. Algo de melancolía es fundamental. Tener un 0% de melancolía te convierte en un puto risueño (darán para otro escrito), que es mucho peor que ser un intenso. Estúpidos risueños [agita el puño de forma amenazante].

La diferencia entre tener algo de melancolía y ser un melancólico es la misma que entre beber una cerveza el sábado y ser un alcohólico. Paradójicamente, la vida sin melancolía sería un infierno.

Dijo el gran Bobby Gillespie que lo mejor de la cocaína era el trayecto hasta el baño. Y, por la misma razón, mejor que la melancolía es decidir que necesitas algo de melancolía y empezar a conseguirla. Para eso no hay nada más rápido y más eficaz que la música adecuada.

A mí me funcionan estas porque soy lo que los sociólogos llaman un modernillo de tres al cuarto. Pero ese es otro tema. Tú puedes no serlo. Si es así, búscate las tuyas, maldito visitante insatisfecho.

SILVER SOUL, Beach House:

Que el nombre no lleve a engaño. No es el apartamento en primera línea en Torremolinos. No, más bien una casa solitaria en la costa noruega. A principios del otoño, cuando aún no hace demasiado frío.

BESSIE SMITH, The Band:

https://open.spotify.com/track/1BythdpR6CAZNT8ltjv6IT

Podría hacer un libro solo con ese nombre para un grupo. Qué nombre. A la vez reúne la máxima prepotencia (son La Banda, no necesitan más distintivo) y la máxima humildad (simplemente la banda que toca música).

No me importa caer en la cursilería. Bueno, me importa porque preferiría no hacerlo, pero me da igual. El solo de órgano de Garth Hudson está hecho juntando todos los suspiros desde la caída del Imperio Romano de Occidente.

Bessie Smith fue una cantante de blues legendaria del primer tercio del siglo XX que murió muy joven en un accidente de tráfico.

Aconsejo explorar a fondo las Cintas del Sótano, si aún no has huido, especialmente “Goin’ to Acapulco”, “Katie’s been gone” y “This wheel’s on fire”.

I AM TRYING TO BREAK YOUR HEART, Wilco:

Wilco tuvieron verdaderos problemas para que “Yankee Hotel Foxtrot” viera la luz en 2001. Fueron despedidos por una filial de Warner a cambio de los derechos del disco, que llegaron a poner en descarga gratuita en su web. Al final, Nonesuch Records terminó publicándolo poco después.

A la altura de la música está la portada: una foto del complejo Marina City, en Chicago, ciudad en la que la banda está asentada. Definitivamente, no es el colmo de la alegría.

YOU GET WHAT YOU DESERVE, Big Star:

La historia de Big Star es una de frustración y fracaso constantes. Eran lo que se conoce como un grupo de culto, es decir, que muy, muy buenos, pero no vendieron un puñetero disco. Nadie se explica cómo diablos pudieron firmar con Stax, especializada en soul y R&B, que no supo qué hacer con su pop-rock. Aparecieron tensiones muy fuertes dentro de la banda por los fracasos en ventas y popularidad, incluso con peleas y destrucción de instrumentos.

El guitarrista Crish Bell se rindió y abandonó Big Star durante la grabación del segundo disco, “Radio City”, del que saco esta canción, compuesta por Alex Chilton, líder de la banda. Bell sufría fuertes depresiones que, al final, no pudieron tapar su talento. Murió en un accidente de coche en 1978 a los 27 años. Como una especie de broma macabra, su entierro fue el mismo día que el cumpleaños de Chilton. Dejó unos singles y grabaciones que, 14 años después de su muerte, aparecerían juntas en “I am the cosmos”.

Radio City” también fue un fracaso en ventas, como lo sería su tercer disco, y la banda se disolvió ese mismo 1974. Se hizo algo de justicia y 20 años después pudieron disfrutar de reconocimiento y un modesto éxito antes de que Alex Chilton falleciese de un ataque al corazón a los 59 años.

Al igual que pasaba con el álbum de Wilco, la portada de “Radio City” está a la altura de las canciones. Se trata de la impresionante “The red ceiling” (1973) del gran fotógrafo William Eggleston.

Big Star no recibió lo que merecía.

IN MY ROOM, The Beach Boys:

Brian Wilson tenía agorafobia, además de otros muchos problemas, y quiso transmitir lo que sentía. La interpretación es perfecta en sí misma, como todo lo que hicieron los Beach Boys en su primera época.

La canción es sublime. Sin embargo, no solo me ofrece melancolía. Me hace pensar también en sectas y asesinatos. ¿Por qué? Pues porque el infausto Charles Manson acusó a los Beach Boys de haber plagiado una canción suya llamada “In my cell”. No es una idea tan rocambolesca como parece, ya que el bueno de Charles tenía una extraña relación con el batería del grupo (y hermano mediano de Brian) Dennis y cierto talento como compositor, aunque no tanto como el que tenía para fabricar asesinos de masas. De hecho, los Beach Boys llegaron a grabar una canción de Manson en 1968: “Never learn not to love”. Inquietante.

DON’T LOOK BACK, Teenage Fanclub:

No puedo decir mucho más de las sublimes guitarras de Teenage Fanclub de lo que dicen ellas mismas. Así que prescindiremos aquí de mi cháchara.

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