LA MALA FI: “Si no hay movimiento y tensión, no podemos creernos lo que queremos explicar y así nunc

Tuvimos la fortuna de escuchar a la banda barcelonesa La Mala Fi (“El mal fin” en español, cuidado con los false friends) hace un mes en nuestro primer Ciclo 3ETR. Chema (voz y sintetizadores) y Marc (batería) derrochan una energía tremenda sobre el escenario. Tanto es así que el comentario más escuchado después de su concierto fue: “Suenan como si tocasen 5 o 6”.

Melodías espaciales, teclados locos, letras e imagen muy cuidadas y mucha potencia, esas son las principales características del dúo. Nos ceden un buen pedazo de su tiempo libre para hablar de lo divino y de lo humano y explicarnos el paso del dios de madera al dios de metal.

Chema, Marc, siempre me gusta empezar por el nombre. Para mí, declaración de intenciones. ¿Por qué La Mala Fi? ¿Fue una elección muy meditada o estilo The Grateful Dead?

La primera opción era Porta Giratòria a l'Infinit, que nos gustaba por la imagen que genera y porque resume en un concepto toda la teoría cosmológica sobre la que hablamos en nuestras canciones. Es cierto que tras un pequeño sondeo nos dimos cuenta de que no funcionaba como nombre y decidimos hacer algo menos rimbombante. Primero pensamos en La Fi, y luego nos preguntamos si ese final era bueno o malo, y de ahí vino La Mala Fi.

Sé que ambos os conocéis desde hace tiempo. ¿Cómo surge la banda y cómo ha sido su evolución en estos años?

Nos conocemos desde hace 12 años. Tuvimos un primer grupo en el 2009, pero Marc lo dejó por una operación de rodilla. Chema siguió un tiempo más y luego formó Tartana. La aventura de montar un nuevo grupo vino cuando Tartana ya daba sus últimos coletazos y, en paralelo, estábamos grabando un documental sobre la escena underground en Catalunya. Nos entró el mono y nos pusimos manos a la obra.

¿Podéis definir La Mala Fi en una frase?

Son las notas a pie de página de una sagrada escritura.

Aquí va una pregunta difícil: ¿Qué es lo que queréis transmitir con vuestra música?

Todo lo que hacemos a nivel musical en La Mala Fi entendemos que son distintos capítulos de una misma historia. Es la historia del Universo visto desde nuestro pequeño planeta en un marco temporal que nosotros hemos acotado entre mediados del siglo XX y mediados del XXIV, más o menos.

Básicamente y a nivel cronológico, la historia empieza en una capillita sobre los años 50 con gente rezando a un dios cristiano. Pasa por la carrera espacial, el cénit del desarrollo tecnológico, el consecuente colapso de la sociedad tal y como la conocemos, un periodo de entre eras que relacionamos con las imágenes del polvo y de la naturaleza salvaje abriéndose paso, y el albor de una nueva civilización que surge años después y que se encuentra con los viejos robots creados 300 años antes. Y sin saber qué son, al ver que tienen forma antropomórfica y mucha majestuosidad, empiezan a adorarlos cerrando así ese ciclo del que hablamos. Básicamente, es la historia del hombre que empieza rezando al dios de madera y acaba adorando al dios de metal. Y eso es la Porta Giratòria a l'Infinit.

¿Y qué hay respecto del proceso de composición? ¿La forma en la que nacen las canciones cambia o es un proceso estable?

No es algo que esté muy estructurado, pero sí que estamos intentando cada vez más que la forma en que surjan las ideas vaya cambiando. Nos hemos dado cuenta de que si nos limitamos a probar cosas nuevas estando en el local con la batería y los teclados, tendemos a hacer cosas que acaban sonando siempre igual. Por eso queremos obligarnos a ir variando, componer desde guitarra, desde un piano, desde una línea de voz, etc. Parece una tontería, pero el estilo y la forma que adquieren las canciones cambian totalmente.

¿Creáis letra y música al mismo tiempo? ¿Cómo os repartís el trabajo?

El reparto de trabajo está bastante definido. Chema compone y Marc acata. A ver, al fin y al cabo es batería, ¿qué pretendes sacar de él? No, más que música y letra, suele haber primero una idea o una imagen, y en torno a eso hacemos la música, intentando reforzar ese concepto. Luego lo verbalizamos adaptando la métrica a la melodía.

¿Hacia dónde miráis para componer, adentro o afuera?

Miramos hacia dentro pero desde muy lejos, intentando observar todo lo que nos rodea también.

A Pessoa le gustaba escribir de pie y a Descartes en la cama. ¿Alguna manía especial para escribir u os quedáis en un discreto término medio?

Sabemos que intentar forzar la escritura no suele dar buenos resultados. Muchas veces tenemos que esperar a que la letra se empiece por sí sola antes de empezar a tirar del hilo. En alguna ocasión nos hemos encontrado escabulléndonos del trabajo para agazaparnos y escribir algo. Si te viene un verso que crees que puede ser interesante no puedes dejarlo escapar.

¿Qué es lo más raro que ha encendido la chispa inicial de un tema?

Más que componiendo, seguramente el caso más curioso fue cuando decidimos hacer una versión de “Geordie”. Cuidado, una versión sobre la versión de Gabry Ponte. Hubiese estado bien que versionáramos a los Oh Sees o a Fuzz, pero de pronto no encontramos tocando este hit que bailábamos con 14 años en sitios a los que hoy no reconoceríamos que íbamos. “Geordie” para nosotros representa el entusiasmo de juventud.

Quien presencia un concierto vuestro no lo olvida fácilmente. ¿Qué supone para vosotros tocar en directo? ¿Lo disfrutáis, hay nervios todavía…?

Más que nervios, le damos muchas vueltas a cómo queremos que sea el show. Igual no tiene mucho sentido que un grupo de un alcance tan minoritario como el nuestro se plantee cuestiones como juegos de luces, humo o proyecciones, pero es que realmente creemos que el mensaje que queremos transmitir trasciende la música. Tiene algo de ritual y mucha iconografía sobre la que hemos pensado y hablado y de algún modo queremos hacer llegar todo ese trabajo de reflexión al escenario.

¿Qué sensaciones os quedaron tras el concierto del 7 abril en Zaragoza en el Ciclo 3ETR?

La visita a Zaragoza fue una auténtica gozada. Seguramente esto es lo que se espera oír y es el comentario más correcto, pero es que realmente estuvimos muy, muy bien. Puede que sea porque Barcelona está saturada de grupos y eventos que cada semana compiten por abrirse un pequeño hueco y sacar la cabeza al exterior y en ese contexto es mucho más difícil captar la atención de una audiencia que también está saturada. Que esta comparación no sirva para decir que es mejor una cosa u otra, pero sí que nos quedamos con la idea de que la gente de Zaragoza da más valor al hecho de que se monte un evento como el Ciclo 3ETR, que aunque sea algo pequeño y con presupuesto limitado se ve que está hecho con mucho mimo.

Obviando vuestra aparición estelar a este lado de Mequinenza, ¿cuál es el presente y el futuro de La Mala Fi?

El 6 de mayo estuvimos tocando en el Amic Fest, que es una fiesta que monta la asociación Amic Amiant en el marco de las fiestas de Cerdanyola del Vallès. Después de eso Marc se casa y La Mala Fi entrará en un barbecho de dos o tres meses, tiempo durante el cual Chema se centrará en un proyecto en solitario que aún no tiene nombre, pero que humildemente podría llamarse San Dios. Después del verano volveremos con cositas nuevas.

Al hilo del directo, ¿técnica o entrega? ¿Qué valoráis más de un músico en general: trabajo, bagaje teórico… o sentimiento, energía…?

Esta es fácil. Siempre entrega, sudor y emoción. Las sensaciones que pretendemos transmitir no pasan por clavar un redoble mecánicamente perfecto o por no fallar una nota. Cuando tocamos tenemos una entrega física que no es gratuita. Si no hay movimiento y tensión, no podemos creernos nosotros mismos lo que queremos explicar y así nunca puede llegar al público.

No solo canciones ofrece La Mala Fi, también sorpresas entre canción y canción. Monólogos, diálogos, declamaciones, manifiestos… Hemos hablado alguna vez sobre nuestra común admiración hacia el inclasificable Miguel Noguera (muy vinculado, además, a Barcelona por su amistad con los también geniales Venga Monjas y sus libros para la editorial Blackie Books) y de que resulta muy difícil, una vez lo has escuchado, no imitarlo incluso inconscientemente. ¿Es una fuente de inspiración para los discursos locos, que también disfrutamos en Zaragoza?

Sobre todo estamos muy en sintonía con el absurdo y toda esta gente que se agrupa en lo que se ha llamado posthumor se alimenta de ello para hacer comedia. En cierto modo, recurrir a esa materia prima no deja de ser una forma de nihilismo en el discurso y una crítica a los valores morales que hemos adquirido como sociedad en las últimas décadas. A nivel formal intentamos tener una voz propia para nuestros personajes, aunque siempre pueda haber trazas de referentes que nos gustan como oradores. No solo Noguera o Ignatius, que también podría entrar en ese círculo; también nos gustan Kaufman o Leo Bassi, por ejemplo, y podemos tener cosas de ellos.

Tenéis en Bandcamp publicados 2 EP y un single. ¿Hay planes cercanos para aumentar vuestra discografía?

Sí. Para nosotros cada referencia que hemos lanzado al público en digital ha significado una auditoría de cómo estaba el grupo en ese momento. Ahora creemos que estamos viviendo un capítulo que también merece ser enmarcado con una nueva grabación. Por otro lado, nos apetece dar un salto cualitativo en lo que se refiere a la producción y la edición. Todo lo que hemos sacado hasta ahora no dejan de ser maquetas y ahora nos apetece hacer algo que realmente suene como nosotros lo imaginamos en nuestras cabezas. Para eso queremos rodearnos de gente con criterio que sabe lo que hace y nos puede ayudar dando su visión desde fuera a la hora de hacer un nuevo trabajo.

Y desde luego nos apetece editar algo en físico, tener algo tangible que tocar con nuestras manos.

No se me ocurre ningún grupo muy claro para citar como influencia de La Mala Fi, lo que me parece fantástico. Personalmente valoro mucho el riesgo y la originalidad. ¿Qué opináis de este tema un poco cansino de las referencias? ¿Necesarias o simple ejercicio masturbatorio del periodista/crítico de turno?

Es inevitable, no solo para la prensa especializada sino para cualquiera que escuche música intentar clasificarla. Nuestro cerebro nos pide encajar esa información nueva en un apartado ya conocido porque no le gustan las sorpresas. Por lo que respecta a La Mala Fi, nosotros lo vemos desde tan cerca que nos cuesta compararlo con otras cosas. Aunque probablemente el hecho de que pueda ser más difícil relacionar lo que hacemos con nuestras referencias es porque se nos da muy mal copiar. Nosotros creemos que estamos haciendo algo que es puro Daft Punk y al final sale esto.

Lo primero que llama la atención en vuestras canciones es la presencia constante de la máquina, el metal, el cosmos. Creo que compartimos filias. Habladme de esta fascinación.

Forma parte del marco argumental que hemos establecido para contar nuestra historia. Tenemos en mente una narración en que la sociedad ha acabado llegando al punto de saturación de desarrollo tecnológico pero sin acompañarlo de unos valores sociales de sostenibilidad y dignidad. Por lo tanto, la máquina se hace tan grande que te acaba aplastando. Nos gusta mucho esa imagen de una siguiente civilización, desconectada totalmente de la nuestra, que encuentra los robots y no sabe qué son, pero los acaba adorando.

Vamos a repasar un poco vuestras grabaciones. Empecemos con “Demostració” (2015), que tiene 3 temas y fue grabado cuando La Mala Fi todavía era un trio. Han pasado casi 3 años, ¿cómo veis hoy este primer EP?

Para nosotros el título era casi un reto que nos pusimos. Demostrar que ese proyecto del que habíamos estado hablando y teorizando podía tener salida. A nivel de sonido hay muchas cosas que hoy haríamos de forma distinta, pero nosotros funcionamos por ensayo y error, y ese era un episodio que necesariamente teníamos que pasar para poder hacer algo mejor.

¿Habéis conseguido recoger los trastos finalmente?

Si se pudieran recoger dejarían de ser trastos. El mayor problema que tenemos como sociedad es no poder guardarlos.

Me gustaría preguntaros por la portada, que tiene ese inconfundible sabor constructivista soviético. ¿La idea era hacer un homenaje tanto a El Lissitzky como a la cosmonáutica?

Sí, los tiros iban por ahí. La portada es obra de Mònica Simó, que era guitarrista del grupo en aquel momento. Nos propuso esa idea al resto y nos pareció que encajaba con el discurso que queríamos trabar. Además de eso, Mònica propuso como color de fondo el café con leche cósmico, que según algunos astrónomos es el color promedio del Universo.

Después de un tiempo os sacáis de la manga “Es quan dormo que hi veig clar” (2017), en el que le ponéis música al magnífico poema de J. V. Foix del mismo nombre. ¿Cómo se gesta esta idea? ¿Qué significa para vosotros el poeta barcelonés?

De hecho es la primera canción que hicimos como grupo. La idea de grabarla fue una propuesta de Juanmy, un compañero que estaba haciendo un proyecto en una escuela de sonido y que trabaja muy bien. Nos gustó bastante el resultado pero la tuvimos guardada un tiempo. Decidimos publicarla cuando Mònica dejó el grupo, para que sirviera también un poco como despedida. Sobre Foix nos gustan esos paisajes oníricos que propone; pensamos que crean una conexión intergeneracional con lo que nosotros hacemos.

Joan Manuel Serrat tiene también una famosa versión del mismo poema, aunque, en mi opinión, a Foix le sentáis mejor vosotros. ¿Esta circunstancia os provoca alguna reacción?

Tenemos que confesar que conocimos la versión de Serrat después de haber hecho la nuestra, a veces tenemos estos dejes de desconocimiento del entorno. Pero el pijama cósmico nos queda mejor a nosotros. Marc dice que la versión de Serrat es como si León de Aranoa dirigiera un remake de “Interstellar”.

Llegamos ya a “C8: Llarga travessia pel Desert Sideral” (2017), un puñado de canciones que me gustan bastante, especialmente “Déus de metall” y “El caminant”. ¿Qué significa ese C8 y cuál es su relación con el desierto sideral?

Al explicarlo va a perder todo su misticismo, pero allá va. Cuando pasamos de ser un trío a un dúo estuvimos bastantes meses readaptándonos y pensando qué hacer, sin dar conciertos. Llegas a vivir una situación muy extraña cuando quieres seguir haciendo música pero no tocas para nadie y nadie te pide que toques. Te planteas hasta qué punto lo que tienes entre manos tiene sentido o es una ilusión frustrada de alguien que se niega a aceptar la realidad. Esa fue nuestra travesía por el Desierto Sideral, que fue muy real y muy agónica. Al final dimos un golpe en la mesa y decidimos convertirnos en agentes proactivos de nuestro destino. Nos pusimos ciertos objetivos como grupo y prometimos que si no los cumplíamos lo dejábamos todo. Uno de los objetivos era sacar estos cuatro temas para seguir demostrándonos que existíamos. C8 era el número del local en el que ensayábamos, las cuatro paredes en las que estuvimos recluidos durante meses. Fue idea de Marc incluir esos dos caracteres extra al título como recordatorio para nosotros mismos.

Travesía que se hace caída para los dos protagonistas de la portada. ¿Os encargasteis vosotros de ella?

Sí, la portada es nuestra. Pero no estamos seguros de que sea una caída, la experiencia más bien nos pareció un flotar en la nada y es lo que quisimos reflejar en la portada. Aunque todo es cuestión de perspectiva e interpretación.

¿Qué nos podéis contar de estas 4 canciones?

“Déus de metall” es la representación de lo nuevo, un tema que ya compusimos como dúo. “Cent mil dies després” es un tema que habíamos trabajado con Mònica, pero que no habíamos llegado a grabar y representa la adaptación de lo viejo a lo nuevo para nosotros. “El Caminant” es una canción que hicimos en un grupo en el que Marc y tocamos hace años, mucho antes de La Mala Fi, y para nosotros representa el origen, de dónde venimos. “Projecte Vostok” es un tema que ya habíamos grabado con guitarra, así que es la demostración para el público, que puede comparar ambas versiones, sobre qué supone el cambio.

A diferencia de los otros 3 temas del EP, con letras mucho más crípticas y misteriosas, es más sencillo rastrear el origen de “Projecte Vostok” ¿Iría muy desencaminado si digo que os ponéis en la piel de Yuri Gagarin en su primer viaje orbital?

Sí, para nosotros la aventura de Gagarin significa el desafió de la humanidad de enfrentarse a lo desconocido.

Barcelona siempre ha sido cuna de grandes bandas. ¿Qué grupos de vuestra escena os gustan y nos podéis recomendar?

Nos mola por ejemplo el rollo de Ocellot o de Los Ganglios, que desde dos posiciones muy distintas aportan algo nuevo al pop y a la electrónica.

Nos gusta mucho también la energía de L'Hereu Escampa, y aprovechamos para reivindicar toda la escena que surge de la Plana de Vic, que es muy potente y siempre ofrece cosas interesantes.

Y a otro nivel, también nos gustan cosas que hacen como Manel o La Iaia, que son grupos que nos sirven un poco de faro para saber cómo queremos hacer las cosas.

Recuerdo una conversación muy interesante que tuve con Marc sobre nuestras diferencias con la siguiente generación. ¿Existe una brecha generacional? En ese caso, ¿cómo describirla?

Existe una brecha entre aquellos que hemos visto el mundo cambiar y los que ya han nacido con Internet bajo el brazo. Nuestra generación sigue obsesionada con arreglar el mundo, o su mundo, en lo auténtico y lo justo. Los que vienen detrás de nosotros son colonos de Internet, no quieren cambiar el mundo, quieren ser los reyes de otro que estaba por estrenar cuando llegaron.

Ya hemos tratado varias influencias extramusicales de La Mala Fi, ¿hay alguna que sea especial para vosotros y, a la vez, difícil de detectar a primera escucha?

Intentamos dar a nuestras canciones un enfoque bastante narrativo, así que seguramente podemos decir que los paisajes distópicos de Philip K. Dick o el misticismo de H. P. Lovecraft pueden ser referentes bastante evidentes para nosotros.

Quiero terminar con varias preguntas que también hice a Velcoro, pero que no me importa repetir. Creo que dan mucho juego y seguro que saco alguna idea interesante. ¿Cuáles son los mejores libros que habéis leído en el último año?

“Jodiendo y brillando” de nuestro amigo Daniel R. Altemir.

¿Y en vuestra puñetera vida?

“La bogeria” de Narcís Oller. “Cien años de soledad” de García Márquez. “Un mundo feliz” de Huxley. “Fluyan mis lágrimas, dijo el policía” de Philip K. Dick. “El día del Watusi” de Francisco Casavella. La Biblia, dictada amantemente por Dios nuestro Señor.

¿Y películas?

Nos gusta demasiado el cine como para acotar esta respuesta. Podemos decir que a Marc le gusta mucho “El Árbol de la Vida” de Terrence Malick y Chema cree que en “Matrix”, de las hermanas Wachowski, se explica toda la verdad.

Hacednos una recomendación musical que nadie esperaría de vosotros.

La ópera del maestro Arrieta, “Marina”, es recomendación de Chema.

Marc les invita a deleitarse con una audición serena y consciente del trabajo de Major Lazer.

Una ciudad (y lugar en ella) donde tocaríais con presupuesto ilimitado y libertad de elección. Está permitida la locura.

A Marc le apetece mucho montar algo muy loco en Svalbard, una isla al norte de Noruega donde están guardadas las semillas de todas las especies vegetales de la Tierra en medio de un páramo cubierto de nieve. Una infraestructura gigante montada en una plataforma gigante que descansa sobre un glaciar que se va destruyendo mientras tocamos. La idea es que esté montado el pack completo; luces, pantallas gigantes, miles de millones de watios de potencia, etc., pero que no haya nadie allí para verlo, que solo se pueda ver por un streaming de calidad normalita.

Mejor dejarlo aquí y no retomar ciertas encarnizadas discusiones sobre Mortadelo y Filemón. Muchas gracias, Marc y Chema. Nos vemos en Svalbard.

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