Letrismo: Análisis geométrico de versos cantables (I)

Las letras de canciones no son poemas. Tal vez a algún poema se le ponga música y algunas letras se impriman en forma de libro, pero son categorías independientes. La primera opción es añadir algo a una entidad autosuficiente, como ponerte un jersey de lana, y la segunda es despojar de algo necesario a una entidad simbiótica, como esquilar a una oveja. Ello no quiere decir que la poesía sea superior, tan solo diferente. Sus concepciones son muy distintas: música y letra deben encajar y adaptarse mutuamente, mientras que la poesía solo debe preocuparse de sí misma, lo que también esconde trampas y dificultades infinitas.

¿Tiene sentido, pues, estudiar una letra sin su música compañera? Para eso hay que separar una parte necesaria para la vida de la canción y la letra aparecerá frágil, desnuda, incompleta. ¿Cómo evitar la sensación de asepsia de haber diseccionado un sapo y estar estudiando su páncreas?

Mucho se debatió sobre estos temas tras el Nobel que recibió Bob Dylan, pero, a mi parecer, sin ninguna puntería. La letra de una canción es literatura, ¿quién y con qué argumentos puede negarlo? La matriz de los conceptos es estéril y su utilidad real dudosa, sin embargo este tipo de proyectiles se disparaban con malas intenciones, buscando bajar de nivel al escritor de canciones en el panteón snob de la alta cultura y restarle importancia al trabajo de toda una vida de Dylan y otros como él. Igual que una novela, una obra o un poema necesitan de un soporte físico para ser disfrutadas (papel, pantallas o, de una forma mucho más compleja y misteriosa, actores), la letra de una canción precisa de un soporte abstracto, digamos sonoro. Nada hasta aquí permite minusvalorarla: prosa, poesía, teatro y letras tratan por igual de transmitir unas determinadas sensaciones a través del lenguaje escrito, ya sea después leído, declamado, recitado o cantado.

La especialidad de sus soportes hermana de alguna forma la obra de teatro y la letra de canción, ya que la interpretación es fundamental para completar su objetivo de transmisión emocional. Aun así, y comprendo que mucha gente puede no estar de acuerdo, opino que pierde más una canción al ser simplemente leída que una obra no representada. Insustituibles son los talentos de los actores para encontrar el lenguaje corporal adecuado, el subtexto, la inflexión de voz justa para cada momento o la química entre protagonistas, de eso no hay duda y no digo lo contrario. Mi argumento se apoya en que la escritura teatral ofrece unos instrumentos formales, como el nombre del personaje que pronuncia cada frase o las acotaciones escénicas o interpretativas, que ayudan a mitigar la ausencia de ese soporte humano tan esencial. El autor teatral puede aportar un contexto adicional del que el letrista no se puede servir. Del mismo modo que antes, esto no certifica la superioridad del teatro sobre las canciones o viceversa, ni nada parecido.

Sin embargo, multitud de dramaturgos han sido premios Nobel de literatura, sin mayores polémicas sobre el valor relativo de su género, y cuando lo es un músico por su labor como letrista un ejército de guardianes de las esencias hace temblar la tierra. Si ya al valorar el teatro como literatura se tuvo en cuenta y se aceptó la diferencia de soportes, ¿por qué no es posible hacer lo mismo con una letra? Creo que es posible o, al menos, debería serlo. ¿Pero cómo? Las letras forman una simbiosis con su soporte musical incluso más profunda que en el teatro; es jodidamente complicado inventarse una crítica que tenga en cuenta esta diferencia sin perder algo esencial en el camino.

De todas maneras, la crítica tiene trampas. No nos engañemos, uno tiene que creer con firmeza que sus preferencias personales pueden volverse ley universal para convencer a los demás y a sí mismo. Pensar que tus gustos son superiores a los de cualquier otro infeliz requiere una soberbia intelectual importante, muchas veces inconsciente, es verdad. Pero, igual que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento, no darse cuenta de que la supuesta objetividad de tus preferencias culturales es un espejismo no las vuelve reales.

Una vez das ese triple salto mortal del gusto al canon es fácil caer en la división entre lo Bueno y lo Malo, cavando una trinchera de 100 kilómetros de anchura. Por eso propongo un sistema algo diferente, para evitar áridas disputas escritas, y teniendo en cuenta las diferencias entre las letras y otros géneros literarios.

Cualquier oyente/lector/espectador piensa que le están hablando a él. La transmisión de emociones machaca de muchas formas el intento de construir interpretaciones canónicas, por eso los trabajos académicos o los ensayos difieren tanto de otros tipos de obras escritas en cuanto al poder de control del autor sobre las interpretaciones. Ensayos y artículos varios se construyen para defender (o atacar) una tesis concreta usando unos postulados específicos. No suele haber mucho espacio para la imaginación en el análisis. Por supuesto, la realidad es más compleja y difumina las líneas divisorias, tal y como demuestra el caso Sokal.

Al final, lo que quiero decir es que cuando se trata de los temas del corazón (y no me refiero simplemente al amor) las interpretaciones están más abiertas. Cada vez que un autor, siendo pedantes, lanza su obra al mundo, pierde en gran parte la posición de dominio sobre ella. Un ejemplo muy claro es el famoso tema “El imperio contraataca”: los Nikis la compusieron con una intención satírica, bastante palpable en la propia letra y lo dejaron claro por activa y por pasiva. No obstante, para multitud de personas de derechas más o menos ultras inequívocamente eleva su adhesión inquebrantable a las glorias patrias que pronto volverán. Y así la cantan y celebran, para diversión de los enteradillos (entre los que me incluyo). Pero, al final, ¿de qué sirve la intención original de los autores de la canción? De nada para los que corean una celebración de la superioridad hispana. La suya es una interpretación de la obra que se une a todas las demás en igualdad de condiciones; incluyendo, por suerte o por desgracia, también la de los autores. Antes de su publicación, los Nikis tenían un control sobre las interpretaciones (solo estaba la suya). Después ya es otra historia, porque el público pasa a tener un rol activo ante la obra y los autores un rol pasivo ante las interpretaciones del público: pueden rechazarlas o a veces influirlas, pero no las destruyen. No pueden cambiar lo que una persona siente o piensa al proyectar sus experiencias vitales sobre una creación artística y mirar el reflejo.

Me gustaría incluir esta realidad de múltiples interpretaciones en mi propuesta. Del mismo modo, no estoy muy de acuerdo con usar larguísimos análisis escritos. Hay algo de perverso en una crítica más larga que la propia obra, quizá ese podría ser un límite razonable de extensión. Y de reiteración también. Alguien escribe y otro vuelve a escribir para explicarlo. Si un texto no puede explicarse ya a sí mismo, ¿cómo va a hacerlo otro, con las mismas herramientas? Puede ser interesante usar instrumentos distintos.

Tampoco es conveniente comparar en términos de peor o mejor, que al final consiste en comparar en términos de a mí me gusta más o a mí me gusta menos. Cualquier tara que se pueda esgrimir para atacar un texto puede interpretarse como una decisión formal o de contenido del autor. ¿Pero qué hay de comparar formas? Formas geométricas, me refiero. Elegir varias categorías con las que analizar una letra y convertirlas en una escala lineal, de manera que podamos colocar un punto o varios en cada escala y unirlos para formar un polígono, que será diferente para cada canción. También será seguramente diferente para cada oyente de una misma canción, pero no es un problema. Justo al contrario, contribuye a enriquecer la propuesta: hace posible confrontar las distintas interpretaciones de una canción gráficamente, sin tener que leer testamentos interminables.

Como introducción ya es suficiente. En la siguiente entrega meteré las manos en la masa y haré algunas propuestas teóricas y geométricas. Irónicamente, intento evitar los textos largos y acabo de entregar uno.

Continúa en la segunda parte y en la tercera.

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