Relatos de la semana, palabras del día

Ciencia ficción distópica, submarinos, un saloon en pleno Montana, sectas... Recuerdo el modus operandi: un algoritmo elige diariamente una palabra concreta que aparece destacada en la web del Diccionario de la RAE y yo, ávido de retos sin sentido, me saco de la manga un relato utilizando las 7 palabras de cada semana.

Si quieres, échales un vistazo a los relatos anteriores. Aquí vienen las 4 historias del mes de noviembre.

07/11/18

Palabras del día: cementerio, intríngulis, girocompás, lactosa, comburente, confit

Amiguito, te acompaño en el sentimiento. Bienvenido a la muerte en vida, a la tumba bajo el agua. Al cementerio submarino, pronto lo vas a ver. Aquí abajo solo vienen los locos o los suicidas. ¿Qué eres tú? No me lo digas, tienes cara de melancólico, seguro que te han roto el corazón y ahora quieres compensarlo rompiéndote el cuerpo. Pues has venido al sitio adecuado, vete olvidando de los confits que te preparaba mamá. ¿Te gusta la leche, pimpollo? ¿Sin lactosa? No me hagas reír. Lo vas a pasar mal, sí, señor. Sin lactosa… De todas formas, aquí no hay leche. Aquí se desayuna gasóleo, ¿has entendido? Se desayuna gasóleo, se come pólvora y se cena acero. No te preocupes, empezarás en lo torpedos. Hasta un mono podría hacer el trabajo, solo debes poner atención en propelentes y comburentes, los carga el diablo. Mi puesto, eso sí es complicado. Día y noche con rumbos y correcciones. Y la lectura del girocompás también tiene su intríngulis. Si quieres morir, adelante, es fácil, pero si quieres aprender, pégate a mi culo, chaval. Habla poco y haz lo que te digan. Los invisibles caen los últimos.

14/11/18

Palabras del día: piscinazo, escaquear (pretérito imperfecto de indicativo), ni, ciborg, precuela, documentar (pretérito imperfecto de indicativo)

Quién lo hubiera imaginado. Las élites más inaccesibles, los poderes fácticos más oscuros, el club Bilderberg, el G-20, todos inmersos en la histeria colectiva, en la ciencia ficción más dura. A veces, alguno se para a pensar cómo empezó todo. Recuerda vagamente el murmullo creciente sobre cierto escritor griego por completo desconocido; hace apenas un lustro de los primeros rumores, pero parece un siglo.

Quién lo hubiera imaginado. Occidente acababa de salir de Año Negro mucho peor de lo esperado. Visto hoy con perspectiva es evidente que la gente se habría agarrado a un clavo ardiendo, sin embargo, por entonces darse el lujo de predecir no estaba al alcance de nadie. Las cosas habían superado el umbral crítico de complejidad. El futuro era un abismo insondable y nosotros estábamos solos, perdidos en las tinieblas. En ese momento de total desaliento hizo su aparición el libro.

El autor murió hace décadas, decían. Es su única obra publicada, tirada de mil ejemplares, decían. Su existencia es inexplicable, decían. Y era cierto. En consecuencia, la noticia se extendió como un virus. Resultaba imposible reprimir los escalofríos en la primera lectura: cada hecho, cada minúscula inflexión de los acontecimientos del Año Negro formaba parte del argumento con una precisión quirúrgica. El especismo, la empatía selectiva, el suceso con los cíborgs, la represión, el contraataque oriental, la compleja fluctuación de los frentes, el golpe de mano. Todo. Ahora es obvio que esa tenebrosa chispa de videncia délfica nos paralizó el espíritu, que lo que parecía un regalo exigió luego sacrificios incontables.

Todo hay que decirlo, hubo inicial desconfianza. Se sospechaban intereses espurios, incluso el piscinazo desesperado de un gran grupo editorial. La mofa fue general cuando las primeras personalidades iban otorgando al libro una autoridad creciente. Poco a poco se sumaban más. La población necesitaba la voz del oráculo y de un día para otro el libro pasó a ser el Libro.

Quién lo hubiera imaginado. Aparecieron otros manuscritos, cuentos, decenas de ellos que el autor guardó con celo. El primero de ellos narraba el descubrimiento de un libro antiguo que describía a la perfección hechos posteriores a su escritura y el comportamiento de la opinión pública ante él, tal y como se comportó en realidad la opinión pública ante el descubrimiento del Libro. Fue la confirmación. Los siguientes relatos contaban situaciones aún no ocurridas y se tomaron como la verdad revelada. La especie humana tiene instinto de rebaño.

Los Textos se memorizaban en las escuelas y los adultos nos enfrascamos en el aprendizaje del griego, para no perder vitales matices en la traducción. A la manera de la Torá o el Corán, las propias palabras eran futuro inevitable. Nos adentramos en el alfabeto, confiados en desentrañar así todos los misterios. Recitábamos incansables las letras, alfa, beta, gamma, delta, épsilon, dseta, eta, zeta, iota, kappa, lambda, mi, ni, ksi, ómicron, pi, ro, sigma, tau, ípsilon, phi, ji, psi, omega, antes de pasar a salmodiar los Textos. Los políticos se escaqueaban de sus funciones y también fueron haciéndolo las demás profesiones: el esfuerzo era inútil, pues el porvenir estaba escrito. Los empresarios y ejecutivos solo se documentaban con los Textos. Surgieron facciones que interpretaban antagónicamente ciertos giros literarios del autor y empezaron sangrientas disputan que aún siguen.

Quién lo hubiera imaginado. Dicen que el libro es una precuela, que aún hay más secretos escondidos en alguna parte. Están removiendo cielo y tierra, la búsqueda se ha vuelto obsesiva. ¿Qué pasará si encuentran el libro? ¿A qué nivel de fanatismo y parálisis llegaremos? Dios mío, o aún peor: ¿Y si o hay otro Libro? ¿Y si estamos solos?

21/11/18

Palabras del día: inextricable, mambrú, fedatario, rapero, bombero, enervar (adjetivada), calentamiento

La partida comenzó con el cruce de sus miradas, sin ninguna clase de calentamiento. Así se solucionaban las cosas por entonces en estas tierras: no había más ley que la que un hombre pudiera imponer.

Los caballeros (si es que esa palabra aún puede usarse) alrededor de la mesa conformaban las fuerzas vivas del pueblo. Sin rastro de papeles o picapleitos, aquel terreno, el mejor de su clase, sería para el ganador. Es más, el fedatario oficial de la región participaba en la timba, no digo más. También estaba el alcalde, el sheriff, el boticario y jefe de bomberos, el sacerdote y alguno más que ha caído ya en el olvido. Todo hombres, sí, señor, y todos blancos, como era de esperar. No se ven a muchos de otras clases por aquí, a lo sumo algún pobre indio o un asiático perdido. En fin, no hay muchos raperos de esos en Montana. Ni los habrá.

Pero volvamos a la mano de póker, con el solar más codiciado en juego. Se reunieron al amanecer, en la cantina. Desde la ventana se vería a lo lejos el humo de los mambrús de los barcos más madrugadores. Una bonita estampa del río Missouri. Sin embargo, no creo que los contendientes la disfrutasen en absoluto, enervados como estaban por la tensión del juego.

Los caminos inextricables del azar favorecieron al alcalde, pero la Divina Providencia no terminó de estar de acuerdo. Ya anciano como era, su maltrecho corazón no pudo sobrellevar la alegría y en el mismo momento de la victoria le llegó su hora. Sus rivales, ante todo caballeros, como dije, convinieron que el terreno era por derecho propio del alcalde y, dadas las especiales circunstancias del asunto, así debía ser hasta la llegada del Juicio postrero. Así pues, se le enterró en él con todos los honores y es por eso que ha permanecido vacío hasta el día de hoy.

30/11/18

Palabras del día: tartufo, piano, tortuguismo, bioenergía, karma, aterir (adjetivada), elativo.

Hola:

Ya sé que ha pasado mucho tiempo. También sé lo que vas a decir. Vas a decir “te lo dije”, ahórratelo. Por favor.

Mi ideología predilecta siempre ha sido el tortuguismo: piano, piano, si va lontano. Y lejos he llegado, pero me he quedado sin blanca y por fin me he dado cuenta de todo. Al final, el Maestro no era ni experto en karma ni en bioenergía, sino un elativo de tartufo. Un sinvergüenza, vamos. Ya sé, ya sé lo que vas a decir. Ahórratelo y ven rápido a buscarme, estoy aterido en un polígono perdido de Calahorra, junto a la Regional 134.

De nuevo tuyo, Federico.

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