A propósito de Europa (I)


Que el padre de uno fuese del FRAP y el padre de la otra marqués me parece un tema apasionante para la barra del bar. En el Congreso, en cambio, nos merecemos escuchar sobre otros asuntos. Sobre política exterior, por ejemplo, que durante la campaña electoral o el debate público no aparece, o cuando aparece, es para tratar sandeces y lugares comunes. ¿Por qué esta desidia? Siendo además un tema tan crucial por los intereses que tras él se esconden.

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Europa

Desde las plañideras de la generación del 98, siempre llorando sus lágrimas de cocodrilo, venimos escuchando aquello de España como problema, Europa como solución. Europa, Europa, Europa… Hay gente que lo dice entre suspiros. ¿Pero qué Europa? ¿La de Andreotti, Thatcher y Le Pen? ¿La de Aldo Moro y Mitterrand? ¿O la de Berlinguer, José Saramago, Boaventura de Sousa Santos?

¿Qué Europa? ¿En qué consiste? ¿Quién gana, quién pierde? Esas son las preguntas importantes, los suspiros se los pueden ahorrar. Los suspiros tienden a sobrar en un programa político. Ser europeísta, muy bien. ¿Y qué clase de europeísta?

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Europa

El mito narra que Europa fue una princesa sidonia atraída por un hermoso toro en la orilla del mar. Resultó después que el toro no era toro, sino Zeus, que encaprichado con la muchacha, la raptó y ocultó en Creta.

La princesa Europa tuvo dos hijos de Zeus. Uno de ellos, llamado Minos, andando el tiempo llegaría a ser rey de Creta y atraería las iras del dios Poseidón. Como venganza, el dios marino llevó a Pasifae, mujer de Minos, a tener un hijo monstruoso con un toro (curioso broche simétrico a la historia).

A este hijo, de nombre Asterión, la posteridad lo conocería como el Minotauro. Su padrastro Minos mandó construir el famoso laberinto para encerrarlo, hasta que el héroe ateniense Teseo acudió para matar a la criatura, ayudado por Ariadna, hermanastra del Minotauro y princesa de Creta.

En 1945 Europa también se subió a lomos de un toro mecánico-atlántico que resultó no ser lo que parecía. Y 75 años después de 1945, Europa sigue ahí, atrapada en su laberinto. Sin embargo, Borges nos dio otra interpretación del mito. Por el argentino sabemos que el laberinto no tiene puertas, es más fortaleza que cárcel, y que Asterión realmente estaba atrapado por su propia soledad.

En nuestro mundo, Asterión no está solo, hay 27 Asteriones, cada uno en su laberinto y con la posibilidad de unirse. Posibilidad real. Sin embargo, atenazados por sus inseguridades y los intereses de sus élites extractivas, permanecen inmóviles.

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Europa es un continente en decadencia en todos sus frentes. Eso es lo que repiten hasta la saciedad voceros interesados, Ariadnas que desean entregar la cabeza de Asterión por cuatro monedas. Y tal vez sea insignificante en 10, 20, 30 años. Pero no ahora. El conjunto de Europa es líder o tiene potencial de liderazgo en aspectos sociales clave. No solo en el económico puro y duro, que también: por sí solo el PIB no da todas las respuestas, pero sí algunas interesantes y según todos los rankings la Unión Europea sería la segunda potencia mundial a este respecto (tanto en nominal como en paridad de poder adquisitivo). Muchos tienen prisa por enterrar a la UE cuanto antes, por que siga siendo, como dijo el político belga Mark Eyskens, un gigante económico, un enano político y un gusano militar.

¿Qué hacer? Todavía queda tiempo. Poco, pero queda. Este muerto aún está vivo. Antes de nada, recuérdese como pagaron a Ariadna su traición: terminó abandonada en una isla.

Lo primero, hay que aclarar nuestra situación más allá de los mitos y las leyendas. Europa ya no se llama simplemente Europa. Decimos “Bruselas”. Bruselas esto y aquello, Bruselas opina, Bruselas impone, etc. ¿Qué debería ser Bruselas? Bruselas debería ser nosotros, obvio. ¿Y qué es Bruselas? Bruselas es algo ajeno, misterioso, amenazador, como la niebla de Carpenter. Es una serie de mujeres u hombres de negro. Y Bruselas en España es Nadia Calviño, la ínclita ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, vicepresidenta tercera (¿?) y guarda del rebaño revoltoso. Señora de la guerra de un ejército de tecos, pero con un suave toque bermellón muy elegante, muy ponible y que combina con todo.

De no aparecer de vez en cuando en los medios, podría pensarse que Nadia Calviño es una especie de animal mitológico: cuerpo de socialdemócrata, cuartos traseros de león, garras de águila, pico de halcón, aguijón de alacrán. Mantícora bruselense que acecha a las presas fáciles.

Me pregunto qué es la política para Nadia Calviño, ella misma indistinguible de un CEO del IBEX 35. Quizá nos levantemos una mañana y el Gobierno cotice en bolsa. También me pregunto qué la distingue de Luis de Guindos (a cuyas órdenes trabajó en el Servicio de Defensa de la Competencia), más allá de una redistribución capilar. De Luis de Guindos y de los demás perritos falderos de Goldman Sachs & Company: Draghi, Lagarde, Monti, Schäuble, Strauss-Kahn, Wopke Hoekstra… la costra financiera que oculta todo el pus de Europa.

El sueño húmedo de estas gentes es el Estado-espantapájaros: pulcro, con buena presencia, grande en lo accesorio, vacío en lo esencial. No más que lo necesario para mantener tranquila y ordenada a una masa depauperada e infoxicada mientras la superélite parasitaria, tan educadita y culta, vive en el mundo feliz de los fondos de inversión, paraíso inalcanzable para el resto de los mortales.

¡Y esa es su aspiración, su ideal! Triste utopía. Es evidente que al sentarse en la mesa de negociación con el resto de poderes uno debe rebajar las expectativas, habrá cesiones. ¿Pero con el listón tan bajo? Ya no les quedan expectativas que rebajarse, hay que bajarse directamente los pantalones.

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Se me dirá, con cierta razón, que tanto no querrán a Calviño en Bruselas si el pasado 9 de julio perdió por 10 a 9 la votación por la presidencia del Eurogrupo, reunión periódica de los ministros de finanzas de los países con euro. Pero, como bien señala Enric Juliana, esto no es un tema personal contra ella, sino de bloques (luego hablaremos de ellos), de partidos políticos, de equilibrios de poder defendidos a cuchillo. Es más, entre los países que apoyaron (Alemania, Francia, Italia, España…) su candidatura suman el 80% del PIB de la zona euro. Sin embargo, las reglas son las reglas: un país, un voto. Lo mismo vale Luxemburgo que Francia a este respecto. En contra estaban los pequeños, los nórdicos, los confederados. Y estos sumaron un voto más.

Increíble pero cierto, en su seno, la UE tiene enemigos mucho más cruentos y peligrosos que el calviñismo pulcro (no confundir con el calvinismo, que ya llegaremos), con el que nos tendremos que entender para llevar a cabo la totalidad o parte de las reformas necesarias.

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Absorto cada Asterión-país en las galerías de su laberinto, es débil. Deben entrar todos en un mismo laberinto y alcanzar un lugar común de disputa. Como en España, ahora no lo hay y cada sector habla en su jerga y agita sus símbolos quebradizos, luchando por despojos menguantes. Mientras tanto, las élites financieras disfrutan del grueso del botín.

Es urgente encontrar polos de acción que garanticen un proyecto europeo viable, común a amplias capas de la sociedad europea, incluso con ideologías dispares. Sería alcanzar un punto de partida, construir una estructura institucional que genere suficiente consenso, y una vez allí ya las distintas ideologías nos disputaremos el poder. Pero antes hay que llegar a ese punto de partida.

Recopilando ideas de gente más brillante y mejor preparada que yo, me topé con un librito del ex primer ministro belga Guy Verhofstadt, Los Estados Unidos de Europa. Aunque ya tiene más de 15 años, resulta plenamente actual, porque el contexto de 2005 se parece bastante al de hoy en día. Entonces la UE se enfrentaba a una grave crisis de proyecto: Francia y Países rechazaron en referéndum la propuesta de Constitución europea, tan solo un año después de la entrada de hasta 10 países en la Unión.

En este punto, Verhofstadt realizó un aporte muy valioso, poniendo sobre la mesa sin ambages las debilidades de la Unión y propuestas para fortalecerlas. Obviamente, siendo el belga un político liberal, discrepo con algunas de sus interpretaciones. Sin embargo, al centrarse en temas estructurales e institucionales, suscribiría gran parte de sus medidas. Es corto, va al grano, nada engorroso. Un buen punto de partida.

Espoleado por ello, quiero contribuir modestamente a avivar el debate europeo con tres objetivos muy ambiciosos e interconectados. Buscando un concepto fuerte alrededor del cual articular las ideas, encontré el de soberanía, capaz, creo yo, de generar consensos amplios. Porque la soberanía en el siglo XXI es muy diferente que la soberanía nacional tradicional. Hoy en día, muchos doctores Frankenstein aún tratan de insuflar vida a ese cuerpo muerto.

Tres pilares, tres soberanías: democrática, estratégica y económica.

1. SOBERANÍA DEMOCRÁTICA

Desde hace un año, la Comisión Europea viene lanzando a bombo y platillo ciertos grupos de trabajo para luchar contra las fake news, según ellos la principal amenaza para la supervivencia de la Unión. Al parecer, un grupo de rusos nihilistas escondidos en un búnker de Sibera y con un acento muy fuerte hablando en inglés están socavando los valores occidentales y engañando a la gente para que vote mal.

No, querida Bruselas, no. La principal amenaza para la unión son los comportamientos y los métodos de la aristocracia tecnocrática. Este es el combustible para los populismos nacionalistas corrosivos, la causa. Las fake news son consecuencias, síntomas de la enfermedad.

Una enfermedad que toma cuerpo en el despotismo oscurantista a là Juncker (sobre el pueblo, sin el pueblo y contra el pueblo); bien afeitado en público y en privado, entre las sombras, llegando a acuerdos bajo mano con grandes corporaciones. Trajes fiscales a medida tan lujosos que el sastre se queda desnudo. Quizá sería más útil garantizar que Google, Apple, Amazon, Facebookpagasen impuestos donde les corresponde que vigilar su monitorización de las fake news. Solo quizá.

La propia arquitectura del poder bruselense lleva a estos desenfoques aberrantes. El proyecto europeo, se supone, era la sublimación de una escuela de pensamiento, de la Europa de las luces. ¿Cómo se explica entonces un Parlamento de competencias legislativas deformes y laberínticas? Bartleby y Joseph K se turnan en la presidencia del mismo. Un verdadero insulto a estos supuestos valores fundacionales.

La Comisión de comisarios (¿políticos?), uno por cada Estado, ostenta parte de estas competencias legislativas, además de las ejecutivas. No confundir con el Consejo Europeo, formado por los jefes de Estado o de Gobierno de los países, que propone al presidente o presidenta de la Comisión. Tampoco confundir con el Consejo de la UE (el Eurogrupo está aquí), con ministros nacionales.

Los miembros son presidentes, ministros, ministras de sus países, sí, pero nadie los o las ha elegido para hacer nada más allá. ¿A quién y cómo rinden cuentas por sus actuaciones supranacionales? En fin, una maraña institucional, sin separación de poderes ni control o contrapesos democráticos efectivos. La pesadilla de Montesquieu, Rousseau, Kant… teóricos ejemplos a seguir.

No quiero llevar a engaño, no todo está mal, hay órganos con competencias claras, como el Tribunal de Justicia, y, qué casualidad, son los que funcionan relativamente bien. Dichas “anomalías” debería hacernos pensar en las bondades de la claridad estructural. Si la transparencia es inalcanzable, al menos pidamos traslucidez. Es lo mínimo.

Es urgente convertir el Parlamento Europeo en un órgano legislativo válido, dotarlo de contenido para que deje de ser un pelele decorativo al estilo del Senado romano en tiempos de Calígula. Asimismo, el poder ejecutivo tiene que rendir cuentas de forma clara, más allá de comisiones y consejos, donde los intereses se pierden en las sombras y las responsabilidades se diluyen: un Gobierno Europeo elegido específicamente para ello, no con dedazos por la puerta de atrás. El todo debe ser un ejemplo para las partes, por tanto, los mecanismos democráticos a nivel europeo deben superar los mecanismos democráticos a nivel país y no al contrario. ¿Qué es eso del derecho de veto por países, especialmente en asuntos fiscales? Una burla. No hay más que comprobar quién apoya y esgrime sin descanso estos vetos: paraísos fiscales de facto, garrapatas impositivas en el seno mismo del continente. ¿Es razonable que el egoísmo de un solo Estado pueda paralizar Europa entera?

La democratización es un proceso deseado y deseable. Sin embargo, todos los grandes partidos del continente se ponen de perfil y todos los grandes medios lo tratan desdeñosamente. ¿Por qué? A potencias exteriores y a los caciques de su cortijo diminuto, así como al feudalismo financiero, les interesa que continúe la opaca Desunión Europea.

Apenas hay un par de proyectos sólidos paneuropeos con esta aspiración en su esencia: el DiEM25 (Movimiento por la Democracia en Europa 2025), impulsado por el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, y Volt, más socialdemócrata y de perfil bajo. Sudando sangre consiguen visibilidad mediática y cuando lo hacen, es para que los medios hinchen el bulo de que la democracia supranacional es un desatino de la extrema izquierda. ¿De veras? ¿Son las instituciones transparentes y democráticas una utopía de extrema izquierda? Si mal que bien, a trancas y barrancas, hay una democracia aunque sea en apariencia en gran parte de los 27 Asteriones-país, ¿es que no puede haberla también en la Unión?

Cada vez que se ha creado un partido u organización con objetivos parecidos en clave conservadora, este ha sido invisibilizado o bombardeado sin piedad por los poderes fácticos y por la prensa. Tal vez es una suposición arriesgada, pero millones de personas socialdemócratas, liberales y democristianas (grueso del electorado europeo) apoyarían una democratización europea profunda planteada con seriedad: deberían hacerse oír con fuerza. Repito, es una estupidez tacharla como una aspiración anarco-comunista (y Varoufakis como ejemplo de la extrema izquierda… En fin).

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Tratemos ahora el peliagudo tema de los bloques. El equilibrio de poder en Bruselas es precario, aunque la gente crea que Merkel agita sin oposición su cetro imperial. No es así (al menos no del todo). A bote pronto vienen a la cabeza varios bloques de intereses enfrentados.

  • Eje franco-alemán: A veces tienen choques, pero en los últimos tiempos los dos grandes machos alfa de la UE (se comportan como tales) han estado bastante de acuerdo. El impacto de pandemia en sus clientes sureños y el conflicto militar con EEUU (que nadie se asuste, o sí; luego lo comentaremos) han empujado a Alemania hacia una posición de más integración.

  • Eje mediterráneo: Italia, España, Portugal, Grecia. Un grupo en construcción y que debería intentar unirse más aún. Los más pro-integración. La mutualización de la deuda es su sueño húmedo.

  • Los Frugales (para ellos) a.k.a. Los Halcones (para sus enemigos): Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia. Cuando uno piensa en ellos, viene a la cabeza esto. Quieren deshacer camino, vaciar de competencias la UE. El mercado común es suficiente, el resto plin. Dinero, dinero, dinero. Holanda desde siempre liderando las peores causas: multinacionales, la bolsa, evasión fiscal. “Muchos dicen que somos la nación más calvinista del mundo”, dijo en el 2009 el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, para añadir que “el trabajo duro, un modo de vida frugal y la tenacidad de opinión forman el carácter de los holandeses”. Con su pan se coman al psicopático Calvino, de hoguera fácil. Austria es católica, pero los euros tienen el mismo color en todas partes.

  • Grupo de Visegrado: Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia. Entraron juntos en el club y se mantienen unidos dentro. Ahora está bastante “orbanizado”: nacionalismo extremo, etc. Una amenaza, pero no la mayor amenaza.

  • Nueva Liga Hanseática: Finlandia, Suecia, Dinamarca, Estonia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Irlanda. A imagen y semejanza de la confederación comercial medieval. En línea con los frugales halcones. Contra Francia y contra la integración.

Como se puede ver, hay un ineludible punto de conflicto: federalismo contra confederalismo. La Unión Europea tiene características de ambos sistemas y una interminable lucha existe para empujarla a un lado o al otro. En este vídeo, Pablo Simón trata el tema brevemente:

Nadie se sorprenderá a estas alturas si digo que defiendo la opción federalista. A este respecto también nos ayuda el libro de Verhofstadt. En el capítulo, en mi opinión, más interesante del libro, el ex primer ministro repasa los primeros años de existencia de los Estados Unidos de América y sus reflejos en la encrucijada europea.

Los Estados norteamericanos también estaban divididos en federalistas y confederalistas, en más integración y menos integración, y quedaba claro el escollo hacia una mayor unión: la unanimidad. Finalmente, la Constitución de Filadelfia fue ratificada gracias a su Artículo VII, que fulminaba la unanimidad en favor de una mayoría de mínimo 9 de los 13 Estados. Fue la primera de las grandes victorias de los federalistas.

En las votaciones, por ejemplo, del Consejo de la Unión Europea (ministros de países miembros, cortan bastante el bacalao) también existe ese problema. Veámoslo con unos pantallazos sacados de su web.

Aquí radica la principal causa del anquilosamiento. ¿Qué se consideran asuntos sensibles y deben votarse por unanimidad? Diplomacia, ejército e impuestos. Absurdo. Apaga y vámonos. Todas las medidas de calado tienen ganadores y perdedores, solo pueden articularse creando mayorías, no creando unanimidades. ¿Cómo se van a dar pasos hacia una crucial armonización fiscal a nivel europeo con Holanda o Luxemburgo teniendo la capacidad de bloquearlo? ¿O hacia un ejército europeo, con Hungría o Polonia? ¿O hacia una política exterior común, con el neocolonialismo francés, por ejemplo?

El Tratado de Lisboa de 2007, solución muy gatopardiana para el batacazo de la Constitución europea, ya creó el concepto de “mayoría cualificada reforzada” para agilizar algunas cuestiones. Urgente, pues, superar Lisboa: ningún asunto debería requerir unanimidad, sino una mayoría cualificada reforzada. Asimismo, la minoría de bloqueo tiene que ampliarse hasta al menos 6 miembros para poder superar la política de los bloques y las trincheras.

A este respecto, Verhofstadt propone una Europa de dos velocidades (velocidades políticas, no velocidades económicas como hay ahora). Los países que deseen mantenerse en una simple confederación intergubernamental podrán hacerlo y los que apuesten por una estructura federal más profunda también. La relación entre ambas posturas sería similar al de la Unión Europea con la Eurozona. ¿Una opción válida?

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A mitad de julio siguen llegando noticias frescas, a consecuencia de la batalla sangrienta que ahora mismo tiene a Bruselas en vilo. La Comisión Europea (“gobierno” ¿? de la UE; Presidenta: Ursula von der Leyen, más alemana y merkeliana imposible). Parece que Berlín se ha hartado de la posición intransigente de los Halcones, llevan varios meses dando demasiados problemas al eje franco-alemán (Contexto: se acercan las elecciones en Holanda y la historieta del vago sureño fiestero vende bastante).

Más adelante trataré el tema del dumping fiscal en la UE por parte de Holanda, Irlanda, Luxemburgo, Malta, Chipre… Pero hay fuertes rumores de que Von der Leyen prepara una patada en la puerta a la unanimidad obligatoria en materia de impuestos para presionar donde duele: parece que podría usar el artículo 116 de los tratados, nunca usado hasta ahora.

Artículo 116: “[…] en caso de que la Comisión compruebe que una divergencia entre las disposiciones legales, reglamentarias o administrativas de los Estados miembros falsea las condiciones de competencia en el mercado interior y provoca, por tal motivo, una distorsión que deba eliminarse, procederá a celebrar consultas con los Estados miembros interesados. […] [Si esas consultas] no permiten llegar a un acuerdo para suprimir dicha distorsión, el Parlamento Europeo y el Consejo adoptarán, con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, las directivas necesarias a este fin. Podrán adoptarse cualesquiera otras medidas apropiadas previstas en los tratados”.

La negrita es mía. Los caminos de Alemania, como los de Dios, en ocasiones son inescrutables, pero en este caso parece que no está para bromas. La amenaza es clara: del uso de este artículo puede emanar una norma comunitaria que considere distorsiones los esquemas fiscales depredatorios de los halcones y países de su bandada. Esta norma podría salir adelante por mayoría cualificada (voto a favor de 15 miembros con al menos el 65% de la población de la UE) y no por unanimidad. El plan está aún en pañales. ¿Farol? Tal vez, pero la maquinaria de Bruselas se engrasa con amenazas más o menos veladas.

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La furia de la pandemia nos ha hecho olvidar algo que hasta hace unos meses estaba en boca de todos: a partir de ahora seremos 27 países y no 28. El Brexit ha pasado a un segundo plano. También ha pasado el momento de llorar amargamente y rasgarnos las vestiduras. Reino Unido sale de la UE y nada lo va a cambiar, centrémonos primero en suavizar las condiciones de esa salida y mitigar los daños de la incertidumbre. No olvidemos que el Brexit no terminó del todo, quedan multitud de flecos.

Pero una vez pasado el pasmo y la melancolía inicial, aceptemos la realidad. Desde aquella espantada de Thatcher, el British rebate o cheque británico y su tristemente célebre “We want our money back”, el Reino Unido ya estaba con un pie fuera. Además, afrontemos los hechos, siempre fue un topo de los Estados Unidos y uno de sus hobbies favoritos ha sido torpedear cualquier intento de ganar soberanía europea.

Este desdén disimulado lo ilustra bien una anécdota probablemente legendaria. Sin embargo, son precisamente las anécdotas legendarias las que mejor atrapan la realidad de las cosas. Al parecer, durante varios días a inicios del siglo pasado fue imposible cruzar el Canal de la Mancha por el mal tiempo y una bruma especialmente densa. En consecuencia, el Daily Mail tituló en primera página "Fog in Channel - Continent Cut Off", lo que en la lengua de Cervantes viene a significar algo así como "Niebla en el Canal, el Continente aislado". El Continente es como muchos británicos aún se refieren al resto de Europa.

La “unanimitis” confederalista es una enfermedad grave que aqueja a Europa. Hasta que nos curemos, la salida de un miembro nada comprometido con el proyecto puede y debe mirarse con optimismo. No le vamos a hacer la guerra, más o menos legítimamente decidió dar un paso atrás. Fue su decisión y lo más positivo para todos es mantener a partir de ahora unas relaciones cordiales. Es mejor unos pocos miembros comprometidos que ir arrastrando rémoras.

Todavía quedan los Halcones Hanseáticos, rocosos en su posición, pero el impacto conjunto de la salida de Reino Unido y la pandemia puede sacudir por fin a unas élites políticas adormiladas y ser la gran oportunidad para avanzar.

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Obviamente, a los atrincherados en el búnker Juncker les interesa repetir estas falacias hasta la saciedad. Ojalá algún día podamos ver la realidad: los Junckers del continente son insignificantes, unos enanos, pero como se arriman a la lámpara, sus sombras parecen alargadas. No es más que un burdo truco para asustar a los niños y a las viejas.

Y la opacidad autocrática de la Unión es otro truco muy útil para mantener a la ciudadanía europea, sean cuales sean sus ideas políticas, en la postración, la inmovilidad y el conformismo. Solo sacan réditos las sanguijuelas especuladoras, que parecen grandes, pero son pocas y están llenas de aire.

Siguientes entregas:

2. SOBERANÍA ESTRATÉGICA

3. SOBERANÍA ECONÓMICA

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